viernes, 18 de diciembre de 2015

KALOKAGATHÍA

Enamorada del amor, Eros me dijo que alguien ya había inventado su mitología, pero él y yo decidimos cambiarla para que fuera un secreto.
- O tú te vuelves diosa o yo me vuelvo humano, -me dijo. - Es la única manera de vibrar al unísono.
- Me parece que ya sé lo que es ser humana. -respondí-  ¿Qué te parece si juego a ser diosa?
- Si tú juegas a ser diosa y yo juego a ser humano, podremos amarnos mucho tiempo.
- ¿Mucho tiempo? Los dioses creamos más allá del tiempo.
- ¿Crear? Los humanos creemos en lo que los dioses crean.
- Amor, el tema es que tú seas humano sin olvidar que eres dios.
- Amor, el tema es que tú seas diosa sin olvidar que eres humana.


Teoría de la desaceleración del tiempo

El primer paso para amarnos, fue desacelerar el tiempo, reducirlo a un presente que podía ser a la vez un instante y una eternidad.

Pero recuerdo que, cuando era humana,  me enseñaron a florecer con prisa.

Mi saliva decía cosas, acelerada en el invernadero del reloj, esa ruleta rusa: segundos cayéndose por el suelo como platos rotos.

El amor desvirgado con colores pintados en hojas de calendario.

Este tic-tac guillotina amputador magnético: deshojada en el tempus fugit, los pensamientos  envejecían y amanecían con rigor mortis.

Por eso, tuve que callarme y meditar.

Primero cabían diez segundos en un solo minuto. Diez segundos respirados, diez segundos de conciencia del “yo soy” en un sólo minuto.

Después, metí un año allá adentro (en un solo minuto). Vi el flashback de tu nacimiento, el sexo de la madre dilatado, una ola, el universo bailando en su vaivén incomprensible mientras nacías.

Creciste rápido, como una centella se hace hoguera, te vi crecer hipnotizado como un árbol en la tierra, y aún cabías en ese minuto.

Te vi conocerme en algún lugar: un deseo hipotecado a cuarenta años vista podía concentrarse en un solo segundo más.

Después, te vi acercarte en cuatro pasos, que eran cuarenta vueltas al mundo, cuarenta peregrinaciones cabían en ese aliento próximo.

Tu sonrisa, la metí en un nanosegundo.

Nos preguntamos los nombres y demás vagatelas antes del trigésimo tercer sendero.
No quería besarte y que te convirtieras en una estatua de mármol.
Tampoco supliqué aquella noche sexo a las estrellas.
Quería que me besaras lentamente en mi imaginación, para que después estuvieras dentro de esa maleta, para que eones de átomos desglosados supieran a ti en ese simple beso estremecedor.

Entonces, inventé la extraña teoría que hace dioses a los humanos y humanos a los dioses.

Pedí, melancólica, hoja y papel en ese bar en el que jamás apareciste y en el que jamás te besé y, varias vidas más tarde, te escribí este poema en prosa que cabía en medio minuto y pico.

Cuando dejas de ser tú, te conviertes en un tramo de río

Un buen canal no sufre. Goza en el trance del éxtasis, porque consigue destruir la ilusión del tiempo,y así descubre que dispone de toda la eternidad para purificarse.
Purificarse es estar limpio para inundarse de luz.
Purificarse es hacer versificar al río de la plenitud.
Purificarse es convertirse en carretera de la divinidad.
Purificarse es ser divino.
Las palabras pertenecen a la dimensión del engaño y siempre pueden ser malinterpretadas, pero la mente del poeta intenta volar y mostrar aromas de ese sabor sabroso de la totalidad.
A mí, dada mi naturaleza personal, me gustan los matices juguetones y ficticios para mostrar la realidad. Esa simpatía permite que el mensaje pueda llegar con mejor sintonía.

El juego evoca
la pureza de los árboles y el viento,
por eso, jugar como un niño
alimenta las cualidades más elevadas
del ser humano.

No hay prisa. Si el tiempo desaparece más adelante, ¿dónde está la prisa? ¿Qué es el principio, fin, pasado o futuro de un círculo? La ausencia de tiempo elimina muchas enfermedades que enajenan al ser humano, como el estrés, la ansiedad, la prisa, la frustración, el miedo...
La ausencia de tiempo aleja la convicción de que seamos mortales.
¡Las flores son tan bellas! Y si la belleza alcanza nuestro espíritu, nuestro espíritu florece.
El árbol de la vida es un árbol cuya copa es tan densa como el mar. Sus raíces son ilusión de dualidad, porque las ramas eran ramas-raíces.
Wingka-machi, lo importante es sentirla a ella. Cualquier espíritu puro puede sentirla. No importa la ubicación espacio-temporal. Son medidas ilusorias que utilizan las sombras para separaros. Las sombras sólo existen en la belleza que contiene dualidad. (Escena del travesti escondiendo su falo en The silence of lambs).
En un mundo dual, la paz engendra sus raíces en la destrucción. En un mundo uno en sí mismo, la paz pura es el diagrama más diáfano que presenta nuestro universo. Por eso aspira a la esfera. Todo lo esférico le produce felicidad. Su mente debe inscribir el cuadrado en el círculo. Por eso le fascina la estructura geodésica, a un nivel físico y mental. Es una forma que se representa libremente en la naturaleza.
Libérate de las enfermedades del tiempo y llegarás a la absoluta belleza y sabiduría.
La mujer preña al hombre y lo hace madre de una idea que debe llevar a cabo en la tierra. Semilla que engendra tiene forma de serpiente.
Aire, agua, sol: fuentes de salud. Arte del bien decir. (Ngenpin/weupin: "soberano del decir"). Dieta frugal.

La analogía

La analogía permite operar sugestivamente en el entorno. Es interesante aprender a entrever las cualidades de todos los seres y entidades para inferir esos atributos en el sí mismo o en la obra.
Supongamos, por ejemplo, que mi deseo sea sinceramente ganarme la vida como escritora. Debería inferir la cualidad de la araña para tejer su tela para yo tejer mi libro. El libro, como la telaraña, nace del hilo invisible gestado en el propio ser. Primero, debo buscar un punto elevado (la idea) para colgar de él. Sin perder el contacto con ese punto, establezco un punto que será el referente o centro geométrico.
Otro referente relevante es el árbol. Es irresistible, entonces, conservar en la mente el esquema místico del árbol de la vida. Ese árbol cabalístico está simplificado en el kultrún mapuche, que sirve como calendario de las cuatro estaciones.
Tarot y astrología también pueden ceder su estructura bailable al libro.
En todo caso, el escritor sólido ha de ser un arquitecto conceptual, un geómetra de contenido. En algunos géneros esas pautas se han estipulado por efectividad y tradición. Bien lo sabe cualquier filólogo.
Otro referente es el cuerpo humano que requiere, según los mapuches, de tres fuentes inestimables de salud: aire (pranayama, mantrayoga, musicalidad o ritmo), sol (luz, iluminación, claridad, prana divino, ser prisma de lo trascendente, canalización clarividente), agua (emoción, fluidez, navegabilidad). La tierra se da por sentada y es solidez.
Existen varios patrones geométricos de escritura posibles:
- yin-yang: 1+1=3
- espiral: número phi
- tela de araña/flor: escala de Fibonacci.
Aquí es donde llama a la puerta la numerología cabalística (teoría de los sephirot). ¿Fractales? La chistera del Dios-Mago contiene los números del Universo.

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