viernes, 13 de noviembre de 2015

ÓPTICA PARA ENAMORADOS- SI EL AMOR FUERA LUZ

ÓPTICA PARA ENAMORADOS
QUÉ PASARÍA SI EL AMOR FUERA LUZ

Si el amor fuera luz, sería una radiación electromagnética, y, de todo el espectro electromagnético, sólo una ínfima parte podría ser visible, percibida por el ojo humano.
Si el amor fuera luz, gran parte del amor sería invisible a nuestros ojos.

Caminad por el espacio, imaginando que sois una RADIACIÓN ELECTROMAGNÉTICA. Solo es visible una parte de vosotros. Otra parte de vosotros, vuestra mente, vuestros pensamientos, aún permanece invisible para el ojo humano. Pero no para siempre. Sólo hasta que se desarrolle la tecnología necesaria.

1. Velocidad finita
Si el amor fuera luz, en el vacío se movería más rápido que en la materia (donde todo depende del índice de refracción del medio - que es la relación entre la velocidad de la luz en el vacío y en un medio, según las propiedades dieléctricas del medio y la energía de la luz-), y tendría una velocidad aproximada de 300.000 km./s. Los amantes sin objeto serían más ágiles amando. La primera medición de la velocidad del amor habría sido hecha por Ole Roemer en 1676.

Si el amor fuera Luz, el Hombre fuera el Sol y la Mujer la Luna, deberían mirarse durante casi ocho minutos seguidos para enamorarse y ella tardaría 1'26 segundos en dar a luz a la hija Tierra.

2. Refracción (experimento de la pajita)
Si el amor fuera luz, cambiaría bruscamente de dirección al cambiar de medio. El amor se propagaría a diferentes velocidades en función del medio en que viaja. El cambio de dirección sería mayor cuanto mayor fuera el cambio de velocidad. Las fases amatorias estarían delimitadas por la Ley de Snell, que relacionaría el cambio de ángulo amoroso con el cambio de velocidad del amor por medio de los índices de refracción de los medios.

3. Dispersión refractiva
Si el amor fuera luz, todo ser transparente actuaría como un prisma, que permitiría analizar el amor separado en sus distintos componentes o colores según su energía, en un fenómeno denominado dispersión refractiva. Los colores del amor serían: la pasión (rojo), el eros (naranja), la amistad (amarillo), la protección y apoyo desinteresado (verde), la comunicación (azul), la imaginación (añil) y la inspiración (violeta).

4. Propagación y difracción
Si el amor fuera luz, a simple vista, se propagaría en línea recta. Podríamos observar este fenómeno en ambientes polvorientos o atmósferas saturadas. La óptica geométrica podría predecir las posturas de los amantes al hacer el amor. De la propagación del amor y su encuentro con objetos surgirían las sombras. Si el amor se alejara del cuerpo, la sombra sería más definida y, por lo tanto, identificable. Si el amor se acercara al cuerpo, surgiría una sombra en la que se destacaría una forma más clara llamada penumbra y una más oscura denominada umbra.

Sin embargo, el amor no siempre se propagaría en línea recta. Al atravesar un obstáculo puntiagudo o al pasar por una estrechez, se curvaría ligeramente. Este fenómeno, denominado difracción, explicaría que el amor, al mirarse a través de un agujero muy pequeño se viera distorsionado.

5. Interferencia
Si el amor fuera luz, podríamos evitar interferencias integrando el Experimento de Young. Las relaciones monocromáticas, tendrían que vivir una situación de estrechez (pantalla con una rendija muy estrecha) y, después, pasar por otra situación doblemente afectada por estrecheces. La superación de las barreras podría leerse en una tercera pantalla produciendo bandas alternativas claras y oscuras.
Si el amor fuera luz, las interferencias también podrían apreciarse en las manchas de aceite sobre el agua de las sartenes en remojo sin lavar en la pica del fregadero, o en las discrepancias musicales de los CD's. En estos casos, estas situaciones superficiales difractarían el amor, produciéndose una cancelación por interferencias, en función del ángulo de incidencia en la relación amorosa, de cada uno de los colores que contiene ... decíamos: la pasión (rojo), el eros (naranja), la amistad (amarillo), la protección y apoyo desinteresado (verde), la comunicación (azul), la imaginación (añil) y la inspiración (violeta), permitiendo verlos separados, como en un arcoiris.


5. Reflexión y dispersión

Si el amor fuera luz, al incidir sobre un cuerpo, la materia de la que está constituido retendría por unos instantes su energía y, a continuación, la remitiría en todas las direcciones. Este fenómeno se llama reflexión. Sin embargo, en cuerpos de superficie lisa y narcisista, debido a interferencias destructivas, la mayor parte de la radiación se perdería, excepto la que se propagase con el mismo ángulo que incidió. Ejemplos simples de este narcisismo se pueden observar en los espejos, los metales pulidos o el agua de un río con el fondo oscuro.

Si el amor fuera luz, también se reflejaría por medio de la reflexión interna total, en todos aquellos que tienen un alma de diamante. Esto se produciría cuando un rayo de amor intentara salir de un medio en que la velocidad es más lenta a otro más rápido, con un determinado ángulo.
Si el amor fuera luz, el amante podría dispersarlo en forma de poesía. Sabría que el cielo es azul debido a la luz del sol dispersada por la atmósfera, y el color blanco de las nubes o de la leche por las gotitas de agua o las partículas de grasa en suspensión que contienen, respectivamente.

6. Polarización

Si el amor fuera luz, podría polarizarse a través de unos cristales transparentes. El ángulo de polarización total podría llamarse ángulo de Brewster, y las gafas de sol -inicialmente relacionadas con los sifilíticos- y los filtros para cámaras tendrían mucho que ver con todo esto.

7. Efectos químicos

Si el amor fuera luz, los seres, al absorber amor, sufrirían cambios químicos; utilizarían la energía de la luz para alcanzar niveles energéticos necesarios para reaccionar, para obtener una confrontación estructural más adecuada para reaccionar ante algo o para romper algún enlace de estructura (fotólisis).
Si el amor fuera luz, entenderíamos la fotosíntesis de las plantas, el proceso de visión del ojo (producido por la isomerización del retinol) o la síntesis de la vitamina D en la piel después de una caricia.


8. Historia del amor

Si el amor fuera luz, a principios del siglo XVIII el ser humano habría tenido la creencia generalizada de que el amor reside en los amantes. Isaac Newton habría explicado a través de él muchos fenómenos como la reflexión, la refracción y las sombras de los cuerpos. No sabríamos si se hubiera mantenido casto, como suele contar la leyenda de su vida. En todo caso, él habría observado a menudo cómo se dispersa en sus diferentes aspectos o colores al atravesar un cuerpo transparente de lados no paralelos.
Si el amor fuera luz, en 1678, Christian Huygens habría propuesto – más cerca del idealismo de Platón- que es un fenómeno ondulatorio que se transmite a través del éter. Su teoría se habría olvidado hasta la primera mitad del siglo XIX, cuando Thomas Young habría realizado su experimento sobre las interferencias amorosas. Young y Jung serían más homónimos de lo que fueron.
Si el amor fuera luz, en 1848 se habría medido en diferentes medios, aunque, en pleno Romanticismo, no se habría explicado cómo se propaga a través del vacío.
Si el amor fuera luz, en 1845, Michael Faraday habría descubierto que puede modificarse aplicándole un campo magnético (llamado efecto Faraday), proponiendo más tarde que el amor es una vibración electromagnética de alta frecuencia. Maxwell, inspirado en Faraday, habría estudiado matemáticamente el amor, y se habría dado cuenta de que se propaga a una velocidad constante, y que no necesita medio de propagación, dado que se autopropaga.
Si el amor fuera luz, a finales del siglo XIX, no bastaría la teoría ondulatoria para explicarlo, sobre todo en lo que atañe al proceso de emisión y energía por parte de los cuerpos de los amantes.
Si el amor fuera luz, durante el siglo XX se habría intentado explicar su dualidad onda-partícula. La biología o la química se habrían visto revolucionadas ante las nuevas teorías sobre el amor y su relación con los cuerpos de los amantes.


9. Naturaleza del amor

Si el amor fuera luz, presentaría una naturaleza compleja. En función de cómo lo observáramos, sería un cuerpo o una idea, una onda o una partícula. Estos dos estados no se excluirían, sino que serían complementarios. Sin embargo, para obtener un estudio claro y conciso de su naturaleza, podemos clasificar los distintos fenómenos en los que participa según su interpretación teórica.


9.1. Teoría ondulatoria

9.1.1. Descripción
Si el amor fuera luz, Christian Huygens, habría considerado, como ya decíamos anteriormente, que el amor es una idea, una onda electromagnética, consistente en un campo eléctrico que varía en el tiempo generando a la vez un campo magnético y viceversa, ya que los campos eléctricos variables generan campos magnéticos.
Si el amor fuera luz, la ley de Ampère estaría en todos los tratados de seducción, porque los campos eléctricos variables generan campos magnéticos. Asimismo, la ley de Faraday se incluiría en la invocación a las musas de todos los artistas, y probablemente habría substituido a la teoría de la sublimación de Freud.
Si el amor fuera luz, sería sinusoidal, más que sinuoso.
Si el amor fuera luz, se podría describir según los parámetros habituales de cualquier onda:
  • Amplitud (A): ¿Cuánto espacio abarca el amor?
  • Periodo (T): ¿Cuánto dura la relación amorosa?
  • Frecuencia (v): ¿Cuán a menudo se encuentran los amantes?
  • Longitud de onda: ¿Qué impacto mediático tiene la relación?
  • Velocidad de propagación: ¿Cuán rápido crece ese amor?


9.1.2. Fenómenos ondulatorios
Si el amor fuera luz, alguno de los fenómenos más importantes se comprenderían atendiendo a su comportamiento ondulatorio.

9.1.2.1. Principio de superposición de ondas
Si el amor fuera luz, el principio de superposición de ondas, nos permitiría explicar el fenómeno de la interferencia. Si juntamos en el mismo lugar a dos amantes con la misma longitud de onda y amplitud, si están sincronizados, formarán una interferencia constructiva y la intensidad de la onda resultante será máxima e igual a dos veces la amplitud de las ondas que la conforman.
Si el amor fuera luz, cuando los amantes estuvieran desfasados, habría un punto donde el desfase fuera máximo, formándose una interferencia destructiva, anulándose el amor.

9.1.2.2. La interferencia
Si el amor fuera luz, cambiaría su dirección de propagación al cruzar un obstáculo puntiagudo o al pasar por una abertura estrecha. Como recogería el principio de Fresnel-Huygens, si el amor fuera luz, cada amante sería un emisor de amor propagado en todas direcciones. La suma de todos los amantes haría que la perturbación del amor se siguiera propagando en la dirección original.
Sin embargo, si el amor fuera luz, si se enfrentara a un obstáculo puntiagudo o una estrechez vital, predominaría una nueva dirección de propagación frente a la original.

9.1.2.3. La difracción

Si el amor fuera luz, la difracción y la refracción se podrían explicar utilizando este principio, teniendo en cuenta los nuevos frentes de ondas generados en el nuevo medio, y no se transmitirán con la misma velocidad que en el anterior medio.

9.2. Teoría corpuscular

9.2.1. Descripción
Si el amor fuera luz, el amor corpuscular (el amor con cuerpo, el fotón), sería sin apego -carga- ni peso -masa-. Sería capaz de transportar todas las formas de radiación electromagnética, todas las formas de arte.

9.2.2. Fenómenos corpusculares
    9.2.2.1. Radiación del cuerpo negro
Si el amor fuera luz, al interactuar con la materia, intercambiaría energía sólo en cantidades discretas denominadas cuantos. Lo que denominamos sexo se transformaría en una especie de contacto cuántico sublimante: danza, caricias, abrazos.
Si el amor fuera luz, podría entender por qué los pensamientos negativos -o cuerpos negros- lo absorben. Sabría que la negatividad es un radiador teóricamente perfecto que absorbe toda la luz que incide en él. Usaría la Constante de Planck para entender el desamor, evitarlo o predecirlo.

    9.2.2.2. El efecto fotoeléctrico
Si el amor fuera luz, Einstein, en 1905, habría explicado el efecto fotoeléctrico recuperando las antiguas teorías renacentistas de la mirada neoplatónica. Cuando la mirada del amante -rayo monocromático de radiación electromagnética- ilumina la superficie de un objeto amado, se desprenden electrones en un fenómeno denominado fotoemisión o efecto fotoeléctrico externo. Estos electrones poseen una energía cinética. ¡Las miradas que desnudan como rayos X podrían explicarse mediante el efecto Compton! Serían como carambolas de fotones y electrones, un fascinante juego de billar holográfico.

    9.2.2.3. Presión luminosa
Esto que sigue es fuerte. Si el amor fuera luz, las miradas anteriormente descritas harían cierta presión luminosa en el ser u objeto contemplado. De este modo, comprenderíamos hasta qué punto podemos sentirnos desnudados por una mirada, tocados por los ojos de quien nos contempla.




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